Seria genial pensar que cuando apareces en un lugar la gente que te ve por primera vez te van a juzgar por lo que eres, por tus méritos y tus valores. Desgraciadamente no es así, diariamente eres juzgado en infinitas ocasiones por tu vestimenta, tu apariencia, tu peinado, tus accesorios, tus manos, tu forma de andar… Una imagen vale más que mil palabras y actualmente somos una sociedad basada en las imágenes.

Oscar Wilde dijo que no había una segunda oportunidad para una Primera Impresión. La rapidez de formarnos una primera impresión acerca de la persona que tenemos delante es de 7 segundos según estudios psicológicos. En estos 7 segundos, tenemos que tener en cuenta que lo siguiente:

primeraimpresion

El 55% por ciento corresponde a cómo vas vestido, peinado si los colores son excesivamente llamativos, si desentonas con lo que os rodea… El 26% son las experiencias, es decir, una persona actúa dependiendo de las experiencias que ha tenido en su vida. Si tu pasado te ha hecho ser una persona callada, o retraída, la forma en la que saludas denota esta actitud. Si llevas una vida de lo más descuidada, desorganizada, la persona que está frente a ti también lo va a notar aunque creas que no. El 12% corresponde a la intuición de la persona que te observa, ahí no puedes hacer nada, solamente esperar a que los otros componentes le gusten más si ha tenido una intuición mala contigo. El 7% son las palabras que dices y en cómo las dices. Debes tener una entrada cordial, ni demasiada coloquial o informal ni excesivamente formal.

A nivel laboral es muy importante tener en cuenta esto. El seleccionador dispone de pocos minutos para intentar hacerse una idea real de la persona que tiene delante; es por ello que las primeras impresiones juegan un papel muy importante en la decisión final. Debemos transmitir buenas vibraciones para que pueda recordarnos como una persona agradable y deseable para cubrir el puesto vacante.

Esto también debes tenerlo en cuenta cuando finalmente encuentras trabajo y debes relacionarte con la gente que te rodea: compañeros, jefes, colaboradores, clientes, proveedores…

Hay un momento en el que es, si cabe, más importante aún: cuando tienes que presentar tu propia empresa o a ti mismo como profesional y solo dispones de 30 segundos. No hay que improvisar, eso es un error. Hay que prepararse y ensayar para darnos cuenta de qué decimos y si es lo que queremos decir.

Lo más importante es dejar claro qué nos hace distintos de los demás, es decir, por qué debería seleccionarte a ti o a tu organización. Por lo que lo más importante es el conocimiento propio y el del mercado.

Si tienes en cuenta todo esto, te preparas para bien la entrevista, tu apariencia y ensayas tus 30 segundos de presentación, tendrás casi todo lo necesario para ser el CANDIDATO IDEAL.

Pilar Gómez – Senior Manager

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